Se puede luchar contra la droga

Se puede luchar contra la droga, hay que luchar contra la droga, hay que sacar a nuestros hijos de ella y se puede, claro que se puede y es muy lindo saber que Nos Merecemos Una Mejor Vida y mucho más lindo es VIVIR ESA MEJOR VIDA.

Adriana, mamá de Micaela y Manuela, graduadas en 2005

La lucha contra la enfermedad empezó hace muchos años, pero Gustavo siempre presentó trastornos de conducta, permanentemente de casa y del negocio faltaba dinero y cosas eso fue lo que me hizo pensar en consumo.
Recorrimos montones de médicos, psicólogos, psicopedagogos, hablé con sus maestros, pero no hallé respuestas y así fue pasando el tiempo. Al comenzar el secundario todo se agudizó, le hablamos, le ponía limites pero nada nos daba resultados.

Empecé a sospechar que algo pasaba, le preguntaba, lo iba a buscar a los bailes, no quería volverse conmigo, pero yo iba cerca de él, le hablaba a él, a los amigos; nada.
Hasta que descubrí que consumía. Mi marido no me creía y tratábamos que se quedara en casa, que se reuniera con sus amigos en casa, nada estuvo bien.

Hasta que confirmé que si consumía; de ahí empecé a buscar un lugar. Fuimos a uno con mi marido y negó que consumía y cuando lo dijo fue tan inaudible que la única que lo escuchó fui yo. En el viaje de vuelta yo hablaba del tratamiento pero Gustavo era todas excusas: que trabajo, ect.

Lo llevé a un psicólogo conocido un montón de tiempo, lo llevá a una Lic. de Sedronar que trataba adicciones otro montón de tiempo, un día me dijo no puedo con Gustavo, necesita internacion y me dio direcciones de lugares. A todos los lugares lo llevaba yo y lo esperaba a que terminara la sesión y lo traía a su casa . Un día esta persona que lo trataba me dice: ¨Hable con Gustavo y le dije que se tenía que internar¨ y nos recomendó un lugar. Hicimos los tramites y un día fuimos juntos al lugar desde donde iba a ir a la granja. Fuimos solos nadie nos quiso acompañar, y creo que para los dos fue aunque por diferentes motivos, el peor día de nuestras vidas. Yo no dormí en toda la noche, y no podía parar de temblar pero no lo deje solo un momento, le escucée decir cantidad de barbaridades, pero me dije tenes que resistir y cuando llegamos a la sede en Lanus y Nativo supe que en ese momento era la mejor solución. No lo vimos por un tiempo pero íbamos a las reuniones y nos decían cómo estaba. El domingo siguiente pasamos todo el día ahí y empezamos a entender algo sobre adicciones, íbamos todos los domingos, llevábamos a sus hijas y a su sobrino y cuando no trabajaba también su hermana.

Un día me llamó un coordinador y me dice que Gustavo se fue, me sentí re mal, llamé a su mujer y le pedí que no lo dejara entrar y que la familia tampoco, nadie hizo nada de eso. Gustavo se fue a su anterior tratamiento y nos convenció que iba a terminar el tratamiento. Como no podía hacer nada acepté, pero después de un tiempo todo empeoró, vivían siempre con alcohol y desapariciones.
Hasta que me dijo que iba a un psicólogo de la vuelta de casa que lo había invitado a reuniones, cuando me di cuenta que no iba, averigüé la dirección y fui a Valorarte y de ahí hasta hoy toda la familia está aprendiendo a luchar contra la enfermedad.

Familia de Gustavo, graduados en 2012

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