Todo comenzó en la escuela primaria

Primero me voy a presentar. Soy Gustavo, un hombre de 39 años, separado, padre de 2 nenas y paciente de Valorarte.
Todo comenzó en la escuela primaria con cambios de conductas muy marcados. Ya cuando estaba finalizando la misma y comenzaba la secundaria, notaba que quería ser «como los chicos que tenían mala conducta». Inicié el secundario en un colegio privado, que mis padres pagaban con mucho sacrificio. Ya en el primer año empecé a juntarme con los chicos más grandes. A los 2 o 3 meses ya había comenzado a fumar cigarrillos y también a ratearme. Les robaba plata a mis padres para comprar alguna gaseosa, cigarrillos, en los momentos que estaba con estos chicos, yo quería ser como ellos. Llegó un momento que me quedaba Libre de tantas faltas, así que citaron a mis padres y ahí se enteraron un poco de lo que pasaba.
Me cambie de colegio a un nocturno, también empecé a juntarme en la esquina de mi casa con otro grupo de chicos también más grandes. Un día estos chicos compraron una botella de alcohol y yo no quise consumir, al poco tiempo eran varias botellas y después de consumirlas comenzaban a reírse. Ellos estaban en su mundo y yo en el mío. Pero el de ellos parecía ser más lindo que el mío. Y quería estar ahí, así que empecé a consumir alcohol. Después alguien trajo un poco de marihuana y pasó exactamente lo mismo. Cuando apareció la cocaína, sentí había nacido para ella, me hacía sentir un montón de cosas que por mi solo no podía, era justo mi complemento. Empezó un aumento del consumo, pasé del uso al abuso. Y ahí fue demasiado notorio y se enteró mi familia. Trataron de ayudarme, pero no estaba preparado para recibir la ayuda. Me casé y nació mi primera hija. En ese momento el consumo era aun mayor y pasé del abuso a la dependencia. Solo vivía para la droga.
Un día cansado, mal, hundido en un profundo caos y de pasar por muchos tratamientos decidí internarme. Un tratamiento bueno para la desintoxicación. Pero escaso de trabajo familiar y terapéutico. Era más que nada dejar de consumir. Lo terminé, me gradué en él. Pero a los 2 años se vino la recaída.
En ese tiempo estaba conociendo al que hoy es mi terapeuta, Sergio Landini. Me decía que no espere más y haga algo por mí. Desde que me dijo eso como una predicción hasta que decidí hacerlo, pasaron 3 años. Mis padres, en mi ausencia, se acercaron al tratamiento para fortalecerse. Por mi parte, yo me había alejado de mis hijas, mis padres, amigos y la sociedad. Tenía intentos de suicidio, vendía droga, y consumía para anestesiar todo el dolor y culpa que sentía con todos.
Pero nunca fui tan valiente como el día que decidí encarar de nuevo un tratamiento.
Hoy gracias a mis padres, a Valorarte, a Sergio, a mis hijas, soy un hombre. Soy un trabajador, un estudiante, un amigo, un compañero, un hijo, un padre y sobre todo un «convencido» de que lo que tengo es una enfermedad y contra ella tendré que luchar toda la vida. Pero a cualquier enfermedad se le puede ganar con un buen tratamiento.

Gustavo, graduado en 2012

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