Mi nombre es Matías, tengo 28 años y estoy en tratamiento por adicción a las drogas en Valorarte.

Llegué hace un tiempo desesperado. Recuerdo que mi vida estaba totalmente estancada, no podía trabajar, estaba totalmente alejado de mi familia, de mi pareja en ese entonces. Estaba totalmente congelado afectivamente, recuerdo la sensación de no poder sentir un abrazo o un beso, eso me desesperaba. Por dentro sentía una necesidad de pedir ayuda a gritos, pero por fuera sentía que no podía hacerlo. Era como estar atrapado en una cárcel, pero dentro de mí.

Mi vida era siempre la misma rutina, levantarme comprar droga, consumir y después recién hacer todas las otras cosas que quería hacer o que tenia que hacer. Mi día no podía empezar si no consumía, en el último tiempo.

Intenté dejar de consumir en varias oportunidades, dejando de hacerlo por uno o dos meses pero en un momento miraba para atrás y me encontraba consumiendo hace una semana y me preguntaba ¿Cómo llegue acá?, no podía hacerlo por más que pusiera todas mis fuerzas y energías. Me hacia sentir muy frustrado y angustiado, eso potenciaba que cada vez necesitara consumir más y más para poder tapar ese vacío y esa tristeza que tenia dentro.

Hasta que una día después de un fin de semana sin parar de consumir y de haber faltado al trabajo dos días seguidos, sentí que ya no podía seguir con esa vida, miraba a mi alrededor y sentía que no tenia nada, me preguntaba a dónde iba a terminar con una vida así, cuánto más iba a durar vivo.

Ya había querido quitarme la vida a los 18 años y sentía esas ganas todas las noches, otra vez. Así fue que hablé con mi familia: primero con mi padre (mis padres están separados desde que tengo 18 años), luego con mi madre y por último con todos mis hermanos. Les conté que hacia 10 años consumía drogas y que ya no podía dejarlas, que no podía salir del pozo donde me encontraba y que por favor me ayudaran.

Ahí encontre Valorarte entre otras opciones, pero una vez que pasé por esa puerta junto a mi familia ya no tuvimos dudas de dónde tenía que recuperar mi vida.

En Valorarte aprendí a vivir. Aprendí a expresar todos mis sentimientos, sin juzgar si estaba bien o mal sentir eso. Aprendí principalmente a pedir ayuda cuando no puedo solo. Aprendí a confiar en los demás y a que puedan confiar en mí. Aprendí a ser responsable, a valorar las cosas que tengo y a trabajar duro para conseguir lo que no tengo y no hablo solo de lo material.

Aprendí a reparar todo el daño que había causado a la gente que quería. Aprendí que el respeto no se gana imponiendo temor a la otra persona. Aprendí que tenía una familia hermosa y que no la veía.
Aprendí a ser hijo, hermano, tío, novio, amigo

Y aprendí que todo esto tengo que sostenerlo y que depende de mí poder hacerlo, que es difícil y es una pelea constante, pero vale la pena. Aprendí que también me equivoco y que las personas que te quieren, no van a juzgarte por eso, pero también aprendí a hacerme cargo de esos errores.
Pase en el trabajo de ser el típico hijo del dueño que llegaba tarde siempre y que iba cuando quería, a ser el primero en llegar y después valerme por mi mismo y trabajar por mi cuenta.

En Valorarte me concentré con un grupo de personas que pasaron por las mimas cosas que yo y por primera vez sentí que no estaba solo. Que no era un bicho raro.
También encontré un grupo de profesionales que hacen un trabajo impecable con un compromiso que considero va más allá de su trabajo.

En valorarte pude enfrentar mis miedos y mis fantasmas para poder crecer como persona.
Hoy estoy por terminar el tratamiento si las cosas siguen en buen curso y como dije en un principio en Valorarte aprendí a vivir.

Matías, graduado en 2011

More articles